Una suerte de capote color sangre define a la arriesgada niña que soñó Charles Perrault en 1695. Algo de inocente tentadora tiene esta criatura, algo sutilmente atractivo que hizo que Charles Dickens, ya adulto, confesara que Caperucita Roja había sido su primer amor. "Si sólo hubiese podido casarme con ella", escribió, "habría conocido la dicha perfecta".
sábado, 12 de septiembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)












No hay comentarios:
Publicar un comentario